El virus de las drogas

Algunos jóvenes usan drogas o abusan del alcohol porque sus amiguitos lo hacen y ellos quieren estar en algo.

Nuestra isla atraviesa una alarmante crisis jamás imaginada. Nuestra sociedad ha sido contaminada por el diabólico virus de las drogas. Todos, de una forma u otra, nos vemos afectados. Aunque no lo deseemos, esta epidemia puede alcanzar a nuestros seres más queridos.

Todos sabemos que a nuestras escuelas acuden estudiantes de diversos lugares. Traen consigo, a veces, costumbres y hábitos distintos: unos positivos y otros negativos. Nuestros hijos tienen que lidiar con todos estos patrones de conducta. La presión de sus iguales es tan poderosa que puede, en algunos momentos, ser superior a la de sus padres. Es nuestro deber ministerial preparar a los hijos con valores cristianos y morales de tal naturaleza que nadie pueda desviarlos del camino correcto.

Nuestros niños anhelan que compartamos con ellos, que juguemos con ellos, que les demos confianza y que los escuchemos. Tienen muchas interrogantes y están explorando; no contribuyamos a que exploren algo de lo que luego tengamos que arrepentirnos. Presentémosles problemas y dilemas hipotéticos relacionados con su organismo, su salud y el uso de las drogas y el alcohol.

Nunca dejemos solos a los adolescentes. Aunque necesitan tiempo para su privacidad y para compartir con sus amistades, debemos empeñarnos en conocer quiénes son sus compañeros y cómo se conducen los padres de estos. Algunos jóvenes usan drogas o abusan del alcohol porque sus amiguitos lo hacen y ellos quieren estar en algo. Los adolescentes, en la búsqueda de su propia identidad, se preocupan por su apariencia física. Los padres podemos aprovechar esa oportunidad para hablarles de los efectos del cigarrillo en los dedos (manchados), la ropa (quemada) y los dientes (amarillentos), del mal aliento y del costo económico. Recuerden, padres, que el niño de hoy será mañana lo que perciba que sus padres, maestros y comunidad esperan de él.

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