Empleados apoderados y emprendidos

Publicada en El Vocero de Puerto Rico el viernes 7 de julio de 2017. Al momento de su publicación, el autor era Director Ejecutivo de la Autoridad de Edificios Públicos.

En una economía recesiva como la que vive Puerto Rico, que se ha prolongado por más de diez años, las personas se lanzan a explorar nuevos métodos para generar ingresos adicionales y adquirir el insumo de nuevas experiencias, de modo que se comienzan a fomentar la iniciativa y el desarrollo de las ideas.

En este contexto, el emprendimiento sugiere la creación de nuevos pensamientos atemperados a las dinámicas actuales para que, con un esfuerzo adecuado y un plan de trabajo claramente definido, las ideas se desarrollen en opciones de negocio que potencien los ingresos adicionales y el nuevo conocimiento o reto que se desea obtener. Desde esta perspectiva, el emprendimiento implica convertir una idea en un negocio con múltiples posibilidades.

Sin embargo, las organizaciones públicas y privadas han tratado de identificar estrategias que les permitan obtener un mejor rendimiento de los recursos humanos que trabajan día a día dentro de sus empresas o que las representan en variados escenarios fuera de ellas.

En el caso de estos últimos, la propia naturaleza externa y la dinámica de las tareas diarias limitan el alcance directo del supervisor. Ante esto, se requiere casi obligatoriamente echar mano de modelos alternos para verificar los trabajos que se realizan y que estos estén alineados con las métricas óptimas de producción.

A pesar de los mecanismos de supervisión, compensación y acción correctiva que tradicionalmente se utilizan para alcanzar los resultados deseados en las empresas, no siempre se logran estos objetivos, y hasta se percibe una separación psicológica entre la organización y algunos de sus empleados. Estas rupturas tienen, al final, altos costos económicos para la empresa e implicaciones cualitativas en las interacciones con el personal, los clientes, los supervisores, los contratistas externos y otros.

Las organizaciones anhelan que cada empleado de su estructura operacional se sienta apoderado y emprendido: apoderado, para que pueda proveer servicios de excelencia y con eficiencia; y emprendido, para que sienta que está trabajando como si fuese su propio negocio. En este sentido, los empleados velarán por los intereses de los dueños o patronos y lograrán engranar con los clientes, de modo que estos continúen patrocinando los bienes o servicios que ofrece la empresa.

Lo propio ocurre con los servicios gubernamentales. Dentro del aparato gubernamental se anhela que los servidores públicos ofrezcan un servicio de alta calidad y con un alto nivel de eficiencia que responda a los intereses de los contribuyentes y que, al mismo tiempo, se borren los estigmas sociales con que se describen los servicios que ofrecen: esas marcas bien sabidas y conocidas, utilizadas por tanto tiempo que se han adoptado como propias de una subcultura que se perpetúa y prolifera en el sector público.

Pero ¿cómo lograr que los empleados o los servidores públicos emprendan? La respuesta a esta pregunta compleja requiere romper, al menos, los paradigmas tradicionales de reclutamiento, selección y capacitación. Un reclutamiento adecuado potencia la capacitación para desarrollar el deseo de proveer servicios de excelencia (variable intrínseca). Articular la prestación del servicio con un sistema adecuado de compensación (monetaria y no monetaria) potenciará el desempeño del empleado, al reconocer que habrá una recompensa consistente con el nivel del servicio que ofrece o instrumental para su desarrollo profesional futuro.

Los modelos para la implementación y el desarrollo de estrategias para fortalecer al empleado emprendedor van a requerir romper las estructuras y los modelos de administración de recursos humanos ya conocidos y practicados, e innovar con el concepto de empleados apoderados y emprendidos.

Columna original publicada en El Vocero de Puerto Rico.

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